Reyes y Víctor se casaron en octubre en Sevilla y contaron con nosotras para hacer las invitaciones de su boda y algunos otros detalles como los meseros, el sitting, o un soneto sorpresa que Reyes escribió a Víctor y que sabemos de primera mano que hizo saltar las lágrimas a más de un invitado. Sin duda Reyes tiene un talento especial para escribir, y por eso el post de hoy será un poco diferente. Queríamos que fuera ella quien escribiera sobre su propia boda y sobre los detalles que llenaron el gran día.

“Víctor y yo empezamos a salir hace muchísimos años: la vida nos separó, el destino nos reencontró y el tiempo quiso que decidiéramos casarnos el 4 de octubre de 2014 en la Parroquia de San Andrés de Sevilla. El día del santo de mi añorado abuelo, en la misma puerta de la que fue su casa íbamos a gritarle al mundo que el amor había triunfado, así de fácil, porque lo verdadero hace las cosas sencillas.

Es por todo esto, que no es poco, que buscamos proveedores con un único criterio: que nos ayudasen a diseñar una boda personal y emotiva. A Víctor y a mí, nos encanta esa frase que dice que no hay una segunda oportunidad, para una primera impresión; por lo tanto, la toma de contacto con nuestra boda tenía que recoger nuestra esencia, tenía que ser una invitación de Micrapelbodas ¡y qué invitación! Sencilla, elegante y original, un verdadero acierto y… la cosa no había hecho más que empezar.

 

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Después de dar mil y una vueltas y de estar mil y una noches en vela, nos decantamos por celebrar el enlace en la Hacienda Torre de las Arcas, una hacienda olivarera andaluza, rústica y señorial a un tiempo, cerca de la ciudad y con un sinfín de posibilidades. El catering corrió a cargo de Alberto Mejías Catering, que resultó ser todo un éxito, no sólo por la calidad y variedad de su comida, si no también por una puesta en escena y un personal de ensueño.

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Teníamos muy claro que, además de pasar un día especial, éste tenía que ser divertido y de eso se encargaron los Calle Botica, un grupo de flamenquito divertidísimo y profesional, con el que ha sido un placer trabajar y que nos tuvieron bailando hasta bien entrada la noche. Como complemento, Sonido al Sur nos puso el despliegue técnico y el DJ; y el resto de la diversión vino de la mano de carteles personalizados, que hicimos nosotros mismos, y que contenían frases relacionadas con nuestros familiares y amigos.

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Respecto a nuestros looks, Víctor eligió la tradicional sastrería sevillana Lista, en la que le hicieron un chaqué azul marino (cómo no), que le quedaba como un guante y que complementó con una chalequillo crudo y una corbata Loewe en esos tonos. Paradójicamente, yo no dudé nada con mi vestido, sólo lo visité a ÉL. Las manos meticulosas y perfeccionistas de Rafael Díaz (617717151) dieron con la tecla desde la primera visita: Menos, es más. Yo no quería un vestido que me comiese, ni un vestido que me hiciese sentir disfrazada; mi petición fue clara y concisa: quiero estar favorecida y que las joyas de mis abuelas hagan el resto. Y así fue. Entre mi madre (vestida – al igual que mi suegra y cuñada- también por Rafa), él y yo, diseñamos un vestido de corte limpio y mangas largas confeccionado en crepe de seda blanco. La espalda iba cerrada y abotonada y, como novedoso, elegimos levantar el cuello del vestido resaltando el broche de oro blanco y perlas con el que se casó mi abuela y tantas mujeres de mi familia; con el que, por supuesto, también iba a casarme yo. Los pendientes, la pulsera que convertimos en diadema y hasta el solitario que llevé también eran guiños familiares, una fusión de las bodas de mis abuelas. Pero no todo iba a ser vintage, porque otra parte de mí lo tuvo claro: sí a las uñas rojas y a los labios vivos. Aquí entra en escena la espectacular Ana Espejo, una profesional como la copa de un pino que me maquilló para comerme el mundo y me hizo el peinado de mis sueños, un moño bajo, recogido con una trenza y con efecto casual; el efecto despeinado vino en cuanto Calle Botica empezó el repertorio.

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Y, claro, el ramo. Ni en sueños imaginé tener un ramo tan bonito ¡Ay! ¡Cómo son en Cártamo! Lourdes e Isabel se encargaron de la decoración de nuestra Iglesia (centros de nardos blancos, adorno floral típico de la Virgen de los Reyes) y, en una de esas visitas, hablando de mi vestido les dije: quiero un ramo con trigo, de otoño, donde predominen los tonos malvas, burdeos y ocres. Con su buen criterio y argumentando que las joyas familiares darían un toque sofisticado a mi look, me propusieron la fusión de lo rústico con rosas de pitiminí en tonos rosados. Como remate, fue un regalo de mis amigas y lo tenemos en nuestro cuarto guardado como el mejor de los trofeos. Tanto es así, que encargamos dos réplicas en miniatura y se las dimos a nuestras madres durante los postres. Un momento de lo más emotivo aunque intrascendente, si tenemos en cuenta que ese detalle no puede servir para verbalizarles a nuestras madres lo agradecidos que estamos con ellas y las piezas tan importante que fueron en nuestra boda. Además de los ramos, salí de Cártamo con manojos y manojos de trigo, lavanda y siempre vivas malvas; para adornar – nosotros mismos- la hacienda.

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Y aquí viene mi momento favorito: nadie de los comensales sabía que, al sentarse en su sitio, junto con el menú estaba el “Soneto a Víctor”, un escrito que nada tenía de soneto, pero sí todo de sentimiento. Una cuartilla con frases que resumía lo que nos había llevado hasta ahí y todo lo que Víctor ha sido, es y será en mi vida. Otra vez Micrapelbodas y otra vez trigo y lavanda. Sin duda, fue mi momento favorito: las mesas estaban vestidas de beige y crudo, el sitting era de razas de perros (nuestra gran pasión) y, como centros de mesa, jaulas llenas de trigo, paniculata y lavanda. Nuestros amigos, nuestras familias y, en el centro, mi ya marido ajeno al motivo de los ojos empañados del resto. Guardo ese instante con especial cariño y éste me lleva a la apertura del baile. No hubo duda alguna: Stand by me, por todo lo que dice y lo que eso significa.

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Fue un día mágico, el sol del sur brillaba con toda su fuerza y mirásemos donde mirásemos estaban los nuestros con una sonrisa en los labios. Todos estos ingredientes, sumados a la calidad de sus trabajos, hicieron que M&O Photo nos haya hecho un reportaje precioso, que aún estamos desmenuzando con cariño.

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Así fue nuestro día, mucho sol, mucha magia y mucha gente querida. Metimos todo eso en una maleta, nos fuimos a la otra parte del mundo y, en plena puesta de sol birmana, llegó la proposición de escribir este post. Y, claro, con ellas ¡SÍ, QUIERO!”